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El templo
. – Templo maravilloso, sus paredes nos rodean de historia y
nos protegen, camino por sus pasillos, eterno silencio, mis hermanos transitan
también, no lo conozco en realidad, solo compartimos la paz espiritual que nos
brinda este extraordinario templo.
. – Templo de verdad, al entrar a su biblioteca miles de
libros saltan a tu vista, perenne silencio, cuando estás aquí por primera vez
no sabes por donde comenzar, cuando al fin comienzas no sabes por donde
acabaras, obras extraordinarias, todas del mismo autor, ese autor que nos
brinda conocimientos, que nos guía y que nos entrega en cada página la absoluta
verdad.
. – Templo protector, afuera solo hay incertidumbre,
tentación, horrores, profanación y oscuridad, estoy seguro, ¿Por qué estoy
seguro? Porque eso dicen los libros, el gran portón principal esta cerrado,
pero sin ningún tipo de seguro, cualquiera de mis hermanos o yo, somos libres
de marcharnos, nadie lo ha hecho jamás, no somos tontos, sabemos a qué nos
enfrentaríamos si lo hiciéramos, profundo silencio.
. – Templo de luz, es hora de dormir, en silencio total
caminamos cada uno a nuestras habitaciones, apago mi vela, luego de
cuestionarme toda acción que realice en el día, peor aun todo pensamiento,
intento dormir, pero… escucho afuera de mi ventana una tenue voz, me llama, me
habla, como si me conociera, como si pudiera leer mi mente, me seduce, como si
lograra cavar en el fondo de los deseos mas profanos de mi alma, no puedo
dormir.
. – Templo… es la hora de salir de la habitación y comenzar
mi rutina, camino con dudas, me siento instable, silencio sepulcral, siento
pena por mis hermanos, comienzo a sentir lastima por mí, es la hora de ir al
comedor a desayunar, están todos mis… ya ni siento que debo decirles hermano,
estoy comiendo, en cada bocado escucho esa voz, voz hipnotizante, me pregunto
¿será una prueba? Y si no lo es, quiero salir del comedor.
. – Entro a la biblioteca como cada día, ya no recuerdo por
donde iba, empiezo a leer desde el principio, pero, pero la verdad no si es el
final o la mitad, cuestiono cada oración que leo, comienzo a sudar, me siento
mareado, silencio… debo salir de la biblioteca, no estoy bien, esto no está
bien.
. – No sé qué edad tengo, jamás he podido permitirme un
pensamiento, que no estuviera enmarcado en aquellas normas y reglamentos,
descritas detalladamente en cada uno de los libros, de ese único autor de la
gran biblioteca, no me conozco la voz, no está permitido hablar para no
profanar el templo.
. – Hora de dormir, apago la vela, la voz, esa voz, comienza
a susurrarme, me dice cosas que no quiero ni repetirlas en mi mente, de forma
atrevida me llama al gran portón, me incita a bajar y abrirlo, que del otro
lado me estará esperando la verdad, no la de un autor de miles de libros, dudo,
cuestiono, siento miedo, pero me levanto y camino, todos duermen, pasillos
oscuros, me desplazo con cuidado.
. – Aquí estoy frente al portón, tiemblo, transpiro, se me
corta la respiración, abro el portón y del otro lado esta… esta… estoy yo…
esperándome.
FIN
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