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El Bar
. – J: Necesito tomarme un trago, todo cerrado, creo que tendré que seguir a casa; Jonathan, necesitaba un trago, claro que si lo necesitaba, en una noche helada donde también llovía, poca gente en la calle había, cerrándose su abrigo él se protegía, los charcos en el piso sus zapatos de vestir ya no se veían, decepcionado ya de no conseguir un sitio donde beber a su casa se dirigía; de repente cruzando la calle en la entrada de un callejón observo una puerta que decía: “BAR”, así sin mas nada, se acerco y para su sorpresa estaba abierto, abrir la puerta se disponía; momento hay algo que todos deben saber antes de su epifanía, Jonathan era un buen hombre que a sus valores éticos y morales honraría, pero su temor de no saber como conquistar a una mujer lo condenaría, en el fondo sabia que solo de sueños no viviría.
. – La perilla giraría, él entraría y buscando donde sentarse observaría, era un Bar donde en la decoración la vieja madera se imponía, diviso una mesa desocupada para dos vacía, lo que no se imagino Jonathan es que en ese corto recorrido el juego comenzaría, su caminar lento se volvía al mirar que en la mesa de al lado a donde se disponía, estaba sentada sola una mujer que por su mirada cualquier hombre moriría.
. – Ya sentado en su mesa un trago ordenaría, se dio cuenta que aquella mujer también lo miraría, Jonathan detallaría que los ojos de ella irritados estarían, pero su timidez lo arroparía y no la abordaría, el mesero con su trago llegaría; aquella mujer lo miro fijamente y en breves periodos le sonreía, la pena de él mas podía y no le correspondía.
. – C: Gracias, mucho gusto mi nombre es Christina. – J: Encantado de conocerte Christina, yo soy Jonathan; Christina mirándolo a los ojos se arrepentiría. – J: Disculpa Jonathan, pero no puedo hacer esto; se puso de pie para retirarse, Jonathan se avergonzaría, en segundos pensaría: “¿será por mi apariencia desatendida o por mi atrevimiento en desmedida?”; en medio del humo de los cigarrillos de las personas que allí habían, Christina se detuvo y se voltearía, de nuevo lo vería. – J: Por favor quédate, si fue algo que dije me disculpo; Christina el cabello se recogería, una cola de caballo se haría y sin quitar su mirada rojiza, aceptaría. – C: No fue nada que hayas dicho Jonathan, te aborde pero no por buenas razones. - J: ¿Por qué seria entonces que una mujer como tu podría acercarse a un hombre como yo?. – C: No se a que te refieres, cualquier mujer podría acercarse a un hombre como tu, apuesto, claro no te conozco pero la portada de tu libro es muy llamativa; Jonathan confundido se sentía. – J: Te agradezco el cumplido Christina, ¿pero porque te acercaste?. – C: Pareces un buen hombre, la verdad es que me acerque para vengarme. - J: ¿De mi? Si apenas te estoy conociendo; Christina sonrojada y apenada se sentía. – C: Por supuesto no de ti, sino de mi pareja; su trago se bebería antes de contar su historia, de un solo sorbo, ni una gota quedaría. – C: Fueron 7 años de vivir juntos como pareja, antes de eso 5 años mas de novios cada uno en su casa, 12 años de mi vida amando, confiando, creyendo, soñando con un solo hombre; Jonathan la observaría, sin hacer ni un comentario su boca cerraría. – C: Ayer yo debía viajar por mi trabajo, salí en la mañana luego de desayunar con él, con mis maletas nos despedimos yo aborde mi taxi y el estaba listo para irse a su oficina, entonces… . – M: Disculpen ¿los señores desean otro trago?; a lo que Jonathan sin decir palabra alguna con mover la cabeza le confirmaría, por los pasos del mesero particularmente la madera del piso crujía, el bullicio de los asistentes mas cercanos Jonathan escucharía, sus sentidos se afinaron y se concentraron solo en el pequeño entorno de la mesa donde estarían. – J: Continua por favor. – C: Si, me percate que se me quedo una importante carpeta, le indique al taxista que se devolviera rápidamente, entre corriendo, me pareció extraño ver aun la camioneta de él, subí a mi habitación y ¡SORPRESA! Allí estaba y no solo, con una fulana revolcándose en ¡MI CAMA ENTRE MIS SABANAS!; sin control alguno sus lagrimas correrían por sus mejillas sonrojadas, entre pena y dolor se lamentaría; Jonathan por instinto reaccionaria, su mano sobre la de ella pondría.
. – J: Lo lamento mucho. – C: Gracias, discúlpame por este desagradable momento, ¿Cómo volver a confiar en alguien después de esto?; ella su mano con la de él mantendría, mientras que con la otra sus lagrimas secaría. – M: Disculpen, acá tienen, salud. – C: Muchas gracias. – J: La verdad, es que no sabría decírtelo Christina, supongo que todos los seres humanos no somo iguales, tal vez en algún momento aparezca quien se gane y se merezca de nuevo tu confianza. – C: No lo se, quizás o tal vez no; él retiro su mano de la de ella aunque muy cómodo se sentía, alguien entraría al BAR y un perro callejero se colaría, uno de los clientes sacarlo intentaría, pero el Gerente del BAR lo detendría, indicándole que ese perro era un cliente habitual y que él mismo lo atendería, se lo llevo al deposito y comida le serviría, todo esto entre el humo de los cigarrillos y del crujir de la madera que en el BAR prevalecía. - C: ¿Y tu Jonathan siempre vienes aquí ?. – J: La verdad que no, es mas ni sabia que este BAR existía. – C: Cierto yo siempre paso por acá, me queda camino a casa y jamás lo había visto, pensándolo bien ningún rostro se me hace conocido, pero bueno, ¿puedo preguntar que te trajo aquí?; vergüenza Jonathan sentía, decirle lo dudaría, pero a la confianza de Christina de haberse abierto con él correspondería. – J: Buscaba un trago con urgencia, no fue un día fácil, bueno en general no ha sido fácil; ella con atención lo escucharía, tragando grueso él continuaría. – J: Siempre he sido muy tímido e introvertido, a tal punto que eso me ha costado el no conseguir promociones en mis empleos, en tener prácticamente en cero mi vida social, pero lo peor de todo es en mis relaciones, ja, ja, ja, ja, lo digo en plural como que han sido muchas. – C: Disculpa que te interrumpa, pero aparte de apuesto, te has desenvuelto conmigo muy bien, es decir una perfecta extraña con la que estas conversando en un BAR. – J: La verdad que si, es muy extraño como ha surgido en mi ese valor, no lo entiendo de donde a salido, pero en realidad no soy así, hoy después de un año, un año, es decir doce meses; Jonathan alterándose un poco se pondría, Christina tomándole la mano calmarlo intentaría. – J: Después de ese tiempo, tome valor para invitar a salir a la mujer con la que llevo soñando desde que la conocí. - C: ¿Y que paso?; con una medio sonrisa sarcástica, un buen trago bebería y contestaria. – J: Ella, prácticamente ni sabia que yo existía, por supuesto como aceptar salir con alguien que vagamente recuerdas haber visto. – C: Pero ¿a lo largo de ese tiempo hiciste algo para que supiera que tu estabas allí?. – J: Si, bueno lo que torpemente mi timidez me permitía, creo, bueno estoy convencido que mas viví de sueños, no me ocupe de la realidad, de dejar de ser de una vez por todas el tonto que soy y actuar. – C: Permíteme decirte que en estas escasas horas o minutos que llevamos aquí, ya ni se que hora es, de tonto no tienes nada, tal vez de tímido, un poco retraído, basándome en lo que me cuentas, creo que deberías comenzar a trabajar en como hacer tus sueños realidad, uno no se debe quedar atrapado en fantasías, creo debe haber un equilibrio entre la realidad y soñar. – J: Tienes razón, solo he vivido desilusionado.
. – En el BAR pocos clientes quedarían, la conversación entre Christina y Jonathan se extendería, el humo se disiparía, la madera ya casi no crujía, la luz luego de un largo tiempo tímidamente por la ventana colarse intentaría, en ese momento Christina y Jonathan se percatarían que retirarse ya debían.
. – C: Wow, no tengo idea de que hora es, mi reloj escogió este momento para quedarse sin batería. – Yo ni reloj cargo Jonathan y tampoco podíamos guiarnos por el que esta en la barra, porque desde que yo llegue dice las 12:00AM y no se movió nunca; pagaron la cuenta, entre los dos aportarían, luego de salir del BAR la promesa de encontrase de nuevo se harían, pero no en ese mismo BAR, porque después de ese día por mas que lo volvieron a buscar encontrarlo de nuevo jamás lo lograrían.
. – Esa noche en el BAR la desconfianza y la desilusión allí se conocerían, conversarían, se entenderían y al amanecer por esas puertas saldrían, convertidas en confianza e ilusión, quizás una oportunidad se darían.
. – La mujer se levantaría, entre medio sonrisas y lagrimas caminaría hasta la mesa en donde Jonathan estaría. – J: Hola buenas noches, disculpa la pregunta ¿esperas a alguien?; a lo que con timidez Jonathan contestaria. – J: Buenas noches, no la verdad no, ¿si gustas acompañarme?; Jonathan estupefacto quedaría, sin entender de donde había salido tal valentía.
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