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Ensueño

  . – Toma mi mano, camina conmigo, no mires hacia atrás, no mires hacia adelante y por favor por lo que mas quieras, aun no observes a los lados. . – Millones de preguntas saltan a tu mente en estos momentos, pero solo una de ellas es la importante, ¡NO ME SUELTES! Continúa caminando, no te dejes distraer, olores, sonidos y voces intentaran robar tu atención, camina y no me sueltes. . – Detente, comienza a llover, abrázame fuerte y cierra los ojos, siente las gotas, solo siéntelas no las oigas, piensa, solo piensa por un instante en lo que dejaste atrás… ahora piensa en lo próximo que estas por dejar, así es, apoya tu cabeza en mi hombro. . – Soy lo que siempre soñaste, soy aquella que protagonizaba tus fantasías, soy la mujer mas hermosa que pudo fabricar tu deseo, mis ojos profundos, no son mas que un reflejo de los tuyos, ¡ Hey ! Ábrelos lentamente, levanta la mirada, no veas a los lados, no veas atrás, no veas hacia adelante, solo obsérvame a mi… llueve, sigue lloviendo....

El Viento, el reloj y la hoja



 Comenzaban a sonar las pisadas de todos los pasajeros, aquellos que desembarcaban la locomotora, el sonido en los rieles al frenar, el humo despedido que inundaba toda la estación, las conversaciones entre las personas, los gritos de algunos, los llantos de otros, las risas aquí, el silencio de allá, el perro que siempre hurgaba buscando una excusa para sobrevivir un día mas, tal vez por instinto, tal vez por costumbre; algunos vendedores ambulantes aprovechando la muchedumbre que desbordaba la estación, era la hora movida ellos lo sabían, todos lo sabían

Una hoja del periódico local danzaba con el viento, esquivaba cualquier obstáculo, su propósito llegar al sitio que le correspondía, al sitio que le marcaba ese viento atrevido quien se encargo de ella al verla ya leída y olvidada en el piso. Y llego a su destino, los pies de Diana, encontrándose sentada en aquel banco, un banco deteriorado al que nadie ni veía y en el cual menos se sentaban, allí estaba Diana sentada vistiendo un largo vestido de flores sin mangas, con las piernas cruzadas, dejándose acariciar su largo cabello por el viento, viento atrevido, Diana no se había percatado aún de aquella hoja de periódico que se encontraba cerca de sus pies, no era el momento, aun no le correspondía.

El viejo reloj de la estación, no se sabia cuando funcionaba y cuando no, las personas embarcaban y desembarcaban lo mas rápido que podían, lo mas rápido que la locomotora les permitía, parados esperando, en ese tiempo leían algún libro, conversaban entre ellos, se quedaban sumergidos en sus pensamientos buenos, los no tan buenos y aquellos que ni ellos mismo querían enfrentar, aquellos que no se deben decir, aquellos que saben que se deben reprimir.

Diana sabia que aquel reloj estaba descompuesto o por lo menos eso creía, sentada desde aquel banco ella observaba todo, sonreía, se entristecía, se angustiaba con las realidades que las personas exhibían en la estación. Cuando a lo lejos apenas se escuchaba la chimenea de la locomotora, Diana comenzaba a sentir como se le erizaba la piel, a medida que mas se acercaba sus ojos comenzaban a inundarse, se frotaba las manos ya muy frías y cuando ya la locomotora estaba entrando a la estación, dentro de su pecho sentía un enorme tambor golpeado despiadadamente por ella misma; comenzaban a desembarcar ella sin levantarse del banco, solo estiraba su largo cuello viendo todas las puertas, ya la locomotora vacía Diana volvía a cruzar sus piernas y a seguir esperando, el tambor dejo de tocar su piel volvió a su estado normal.

Al empezar de nuevo a observar su entorno, el viento soplo tan fuerte que la hoja de aquel periódico que estaba cerca de sus pies golpeo su tobillo, llamando su atención Diana observo hacia abajo y la tomo, la iba a arrugar y dejarla correr pero decidió leerla, sus lagrimas comenzaron a correr por sus mejillas como si estuvieran compitiendo entre ellas,  volteo a ver el reloj y el reloj andaba; Diana se estaba enfrentando a una situación que muy en lo profundo de su alma conocía, pero que su humanidad no le permitió nunca aceptarla, se convenció de que su realidad era la que estaba viendo.

Esa hoja de periódico tenia la fecha del 15 de Septiembre del año 1.920, el reloj marcaba la hora correcta y sus agujas marchaban perfectamente, el viento no movió el humo de la chimenea de la locomotora solo la hoja del periódico.

Ese día Diana acepto su realidad, había muerto un 15 de Septiembre pero del año 1.919 en esa misma estación cuando cayo accidentalmente a los rieles, en el momento exacto del arribo de la locomotora, Diana esperaba ese día al hombre de su vida con el que se casaría, aun en su realidad alterna lo seguía esperando. Luego de hoy ya Diana no esta mas sentada en aquel banco, ya se marcho, ya descanso.


FIN









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