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Aquel banco
. – Se levanto el Sr. Alberto, sacando del closet su mejor
traje, aquel que no se ponía desde hace mucho, tanto que solo el olvido lo
recordaba, lo estiro en la cama, saco también la mesa de planchar, sobre ella
puso la camisa y con mucho cuidado la planchaba.
. – Se vestía con mucho atino, atento al mínimo detalle, las
únicas arrugas que permitía eran las de su rostro y sus manos, arrugas que le
recordaban, le recordaban la vida, las sonrisas, las lágrimas, los bailes y los
aromas.
. – Listo,
cerro la cortina de su habitación y su cama quedo impecablemente tendida, antes
de salir se ajustó su corbatín y se colocó su respectiva colonia, comenzó a
caminar rumbo a la playa, no le tomaría mas de 10 minutos llegar, ya que el Sr.
Alberto vive en el litoral.
.
– Al llegar se sentó en su banco favorito, ese banco contenía muchas historias
de un montón de personas, que a lo largo de los años se sentaban en el y
lloraron, rieron, discutieron, se dijeron adiós para siempre y se dieron
primeros besos, el Sr. Alberto formaba parte de ese gran elenco de distintas
obras que se presentaban en aquel banco.
.
– Hoy el Sr. Alberto sabía que no sería un día normal, su mirada contemplaba el
mar y el brillo del sol arropándolo, comenzó a recordar el día cuando conoció a
su amada esposa en ese mismo banco hace 60 años, sentados allí le pidió
matrimonio un atardecer, sentados en aquel banco ella le dio la noticia que serían
padres, a medidas que el Sr. Alberto pasaba toda la película de su vida por su
mente, sus manos temblaban cada vez más rápido.
.
– Sobre ese banco se sentaba con su pequeño hijo en las piernas a comer helado,
en ese banco se sentaba junto a su hijo a darle consejos sobre la vida, en ese
banco ya casi no cabían, se sentaban el Sr. Alberto, su esposa, su hijo, su nuera
y su nieto a comer helados dos sábados al mes. Pero todo comenzó a cambiar y ya
con el Sr. Alberto no se sentaban todos los que antes lo hacían.
.
– La esposa del Sr. Alberto había fallecido, él seguía asistiendo al banco de
la playa, los dos sábados al mes, tal vez con la esperanza de que ella llegara,
su hijo lo acompañaba cada cuanto podía, pero su trabajo le demandaba mas
tiempo, su nieto ya estaba creciendo y tenia otros intereses, su nuera debía
cuidar de su hijo y trabajar.
.
– Hoy el Sr. Alberto se puso su mejor traje, como cuando asistió a la primera
cita con su amada, hoy algo dentro de si le decía que se perfumara y se pusiera
correctamente el corbatín, así como cuando su esposa estaba pendiente que él
saliera a la calle con impecable presencia, al Sr. Alberto le dejaron de
temblar las manos.
.
– Estaba oscureciendo, su hijo llego a casa tarde del trabajo, su nuera y su
nieto estaban en casa de unos amigos, no había nadie, pero su hijo al llegar se
preocupó viendo que su padre no estaba, angustiado, hizo llamadas, fue donde
los vecinos, hasta que se le ocurrió en ir a la playa, al llegar corriendo lo
vio sentado, el Sr. Alberto estaba con sus ojos cerrados, la cabeza inclinada y
sus manos abiertas sobre sus piernas.
.
– Su hijo, se sentó a su lado y lo abrazo, el Sr. Alberto se había marchado
solo su cuerpo quedaba en aquel banco, lo habían diagnosticado con una
enfermedad terminal, la cual se acelero debido a su avanzada edad, el Sr.
Alberto sabia que el día de hoy tenia algo de especial, aquel banco fue testigo
del ¡hola! Y el ¡adiós! Del Sr. Alberto.
FIN
. – Se levanto el Sr. Alberto, sacando del closet su mejor
traje, aquel que no se ponía desde hace mucho, tanto que solo el olvido lo
recordaba, lo estiro en la cama, saco también la mesa de planchar, sobre ella
puso la camisa y con mucho cuidado la planchaba.
. – Se vestía con mucho atino, atento al mínimo detalle, las
únicas arrugas que permitía eran las de su rostro y sus manos, arrugas que le
recordaban, le recordaban la vida, las sonrisas, las lágrimas, los bailes y los
aromas.
. – Listo,
cerro la cortina de su habitación y su cama quedo impecablemente tendida, antes
de salir se ajustó su corbatín y se colocó su respectiva colonia, comenzó a
caminar rumbo a la playa, no le tomaría mas de 10 minutos llegar, ya que el Sr.
Alberto vive en el litoral.
.
– Al llegar se sentó en su banco favorito, ese banco contenía muchas historias
de un montón de personas, que a lo largo de los años se sentaban en el y
lloraron, rieron, discutieron, se dijeron adiós para siempre y se dieron
primeros besos, el Sr. Alberto formaba parte de ese gran elenco de distintas
obras que se presentaban en aquel banco.
.
– Hoy el Sr. Alberto sabía que no sería un día normal, su mirada contemplaba el
mar y el brillo del sol arropándolo, comenzó a recordar el día cuando conoció a
su amada esposa en ese mismo banco hace 60 años, sentados allí le pidió
matrimonio un atardecer, sentados en aquel banco ella le dio la noticia que serían
padres, a medidas que el Sr. Alberto pasaba toda la película de su vida por su
mente, sus manos temblaban cada vez más rápido.
. – Sobre ese banco se sentaba con su pequeño hijo en las piernas a comer helado, en ese banco se sentaba junto a su hijo a darle consejos sobre la vida, en ese banco ya casi no cabían, se sentaban el Sr. Alberto, su esposa, su hijo, su nuera y su nieto a comer helados dos sábados al mes. Pero todo comenzó a cambiar y ya con el Sr. Alberto no se sentaban todos los que antes lo hacían.
.
– La esposa del Sr. Alberto había fallecido, él seguía asistiendo al banco de
la playa, los dos sábados al mes, tal vez con la esperanza de que ella llegara,
su hijo lo acompañaba cada cuanto podía, pero su trabajo le demandaba mas
tiempo, su nieto ya estaba creciendo y tenia otros intereses, su nuera debía
cuidar de su hijo y trabajar.
.
– Hoy el Sr. Alberto se puso su mejor traje, como cuando asistió a la primera
cita con su amada, hoy algo dentro de si le decía que se perfumara y se pusiera
correctamente el corbatín, así como cuando su esposa estaba pendiente que él
saliera a la calle con impecable presencia, al Sr. Alberto le dejaron de
temblar las manos.
.
– Estaba oscureciendo, su hijo llego a casa tarde del trabajo, su nuera y su
nieto estaban en casa de unos amigos, no había nadie, pero su hijo al llegar se
preocupó viendo que su padre no estaba, angustiado, hizo llamadas, fue donde
los vecinos, hasta que se le ocurrió en ir a la playa, al llegar corriendo lo
vio sentado, el Sr. Alberto estaba con sus ojos cerrados, la cabeza inclinada y
sus manos abiertas sobre sus piernas.
.
– Su hijo, se sentó a su lado y lo abrazo, el Sr. Alberto se había marchado
solo su cuerpo quedaba en aquel banco, lo habían diagnosticado con una
enfermedad terminal, la cual se acelero debido a su avanzada edad, el Sr.
Alberto sabia que el día de hoy tenia algo de especial, aquel banco fue testigo
del ¡hola! Y el ¡adiós! Del Sr. Alberto.
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