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Ensueño

  . – Toma mi mano, camina conmigo, no mires hacia atrás, no mires hacia adelante y por favor por lo que mas quieras, aun no observes a los lados. . – Millones de preguntas saltan a tu mente en estos momentos, pero solo una de ellas es la importante, ¡NO ME SUELTES! Continúa caminando, no te dejes distraer, olores, sonidos y voces intentaran robar tu atención, camina y no me sueltes. . – Detente, comienza a llover, abrázame fuerte y cierra los ojos, siente las gotas, solo siéntelas no las oigas, piensa, solo piensa por un instante en lo que dejaste atrás… ahora piensa en lo próximo que estas por dejar, así es, apoya tu cabeza en mi hombro. . – Soy lo que siempre soñaste, soy aquella que protagonizaba tus fantasías, soy la mujer mas hermosa que pudo fabricar tu deseo, mis ojos profundos, no son mas que un reflejo de los tuyos, ¡ Hey ! Ábrelos lentamente, levanta la mirada, no veas a los lados, no veas atrás, no veas hacia adelante, solo obsérvame a mi… llueve, sigue lloviendo....

Dulces Sueños

 



Era una tarde común de un día viernes, la pequeña Adriana jugaba con su amiga Clara (ambas de 7 añitos de edad), vecinas y compañeras en la escuela. A: ¿sabes que ahora no me da miedo dormir sola? C: ¿Por qué? A: tengo un amigo nuevo que me cuida en las noches, pero no le digas a mi mami.C: Y … ¿cómo se llama? A: Yo le digo Ángel, él no habla, pero siempre está allí en las noches y me protege. C: ¿lo llamas para que juguemos?A: No le gusta salir de día.C: Ah bueno, pero yo soy tu mejor amiga ¿verdad?A: Claro que sí, amigas por siempre. Transcurrió la tarde y a Clara la fue a buscar su mamá, se quedaba entonces Adriana lista para cenar con su madre Luisa. Por lo general, la comida de esa hora la hacían solas ya que su padre siempre llegaba tarde.

. – L: A lavarse las manos hija, es hora de comer y por favor no te pongas así. te he dicho que no hay razón para que te pongas en ese estado, mira te están comenzando a sudar las manos. A: Sabes qué... sí mami, es que no me gusta la noche. L: Hija, es sólo tu imaginación. Luego de cenar, Adriana se lavó los dientes, Luisa la llevo a su cama la arropó y le dio su beso en la frente. L: Duerme cariño, imagina cosas bonitas, ten Dulces Sueños. Al retirarse de la habitación a diferencia de la mayoría de los niños, Adriana le pedía a su mamá que cerrara la puerta y apagara la luz.

Llegaba Papá al tiempo de estar cada una en su habitación, se escuchó detener el auto. La pequeña Adriana se arropaba completa y se tapaba las orejas, comenzaba a sudar frio; escuchaba distorsionados gritos y cosas que se partían. Comenzó a llover y la tormenta traía truenos, era aún más difícil para Adriana poder escuchar.

– A: Ángel, ¿dónde estás? Adriana susurraba su nombre y justo en ese momento observó a través de sus sábanas, la sombra de una larga mano que sutilmente se movió sobre ella. Comenzó a tranquilizarse, pues ya sabía que él estaba ahí.

– L: ¡Por favor Mario, no la despiertes! Luisa estaba golpeada, y le pedía llorando de rodillas que no fuera a su habitación. –  M: ¡CÁLLATE PERRA TU NO ME VAS A DECIR A MÍ CUÁNDO VER A MI HIJA! Mario se volteó y la golpeó tan fuerte que la dejó inconsciente, subió a la habitación de Adriana y al girar la perilla no podía abrirla.       – M: Hija, es papi abre la puerta. Por más que intentaba no podía abrirla, él no se imaginaba que la puerta ni siquiera tenía el seguro pasado; que Adriana estaba aterrorizada y completamente arropada en su cama. Ella veía a Ángel en un costado de la puerta a través de una pequeña abertura que hizo en la sábana.

– M: ¡Con que no quieres abrir! Mario bajó al sótano pasando por encima de Luisa aún desmayada; tomó un hacha con las manos temblorosas y los ojos rojos, subió rápidamente a la puerta de la habitación de Adriana y comenzó a golpear la cerradura. En ese instante, la niña comenzó a llorar aterrorizada, no sólo por lo que estaba haciendo su papá, sino por notar que Ángel ya no estaba. – M: ¡AQUÍ ESTA MI PEQUEÑA! Había destrozado la puerta y comenzó acercarse a la niña con el hacha en la mano. Adriana cerró los ojos llorando y en ese instante, cuando Mario estaba muy cerca de ella lo vio; vio a Ángel a un costado de la cama, la expresión de horror de Mario era indescriptible, llorando levanto el hacha y comenzó a mutilarse así mismo. El llanto de Adriana se detuvo cuando dejó de escuchar los gritos de su padre, entonces se quitó la sabana de encima lentamente y con mucho temor, lo vio tendido en el piso con múltiples laceraciones, apenas respirando. Estaba totalmente aterrado, y lo último que verían sus ojos antes de morir seria a Ángel, que estaba justo detrás de su hija.

Luego de alcanzar la mayoría de edad, Adriana podía visitar sola a su mamá en el Sanatorio de la ciudad. Habían pasado 11 años desde aquella fatídica noche en la cual el llamado de los vecinos alertó a la policía. Debido a los hematomas y la contusión que consiguió el equipo forense en el cuerpo de Luisa, así como la escena de destrucción en la casa, la declararon culpable de asesinato, pero como un acto de defensa propia y de su hija. Cumpliría la condena en un Sanatorio Mental luego de los exámenes psicológicos realizados. Mario era un narcotraficante violento, con muchos negocios turbios, el maltrato hacia Luisa era físico y psicológico. Hacia Adriana era psicológico, logrando que su propia hija le tuviera mucho miedo.

También era adicto a las drogas, consumía más durante los fines de semana, pero esa noche llegó al extremo.

– A: Hola madre, ¿cómo estás?, ¿cómo te tratan? Mientras, Luisa estaba con la mirada perdida, sentada en una silla frente a la TV con un canal de animales. – L: ¡No lo dejes entrar!, perdóname. – A: Yo te perdoné hace mucho madre, ya te lo he dicho una y otra vez. Como siempre te digo, no lo dejé entrar, él entro por la fuerza, pero ya no hablemos de eso déjame sentarme a tu lado un rato a ver la TV.

Al salir del Sanatorio Adriana recibió una llamada de Clara. – C: Aló, amiga … ¡ESTOY EN LA CIUDAD, VAMOS A VERNOS! Clara y su familia se habían mudado fuera de la ciudad al poco tiempo de lo sucedido con Adriana, ellas se habían mantenido en contacto por las redes, pero no se habían visto en persona durante todos esos años.   – A: ¡Sí … POR FIN AMIGA, QUÉ EMOCIÓN, ¡DIME EN DÓNDE Y A QUÉ HORA! Se encontrarían en la heladería a la que iban de niñas y que aún seguía funcionando. – C: ¡Qué alegría verte amiga!, cuéntame cómo está tu mamá. – A: Igual, repite lo mismo cada vez, ya sólo la acompaño. C: Lamento escuchar eso de verdad, ¿y tus padres adoptivos? – A: Son excelentes, ya están viejitos. Sabes que cuando el servicio social me entrego a ellos ya eran de mediana edad, pero siempre se portaron muy amorosos como te he contado. – C: ¡Ajá amiga! Pero sé que estos años no me has contado nada de pareja, de algún enamorado, ¿nada todavía? A: JA, JA, JA. No, no tengo suerte en el amor aún, ando bien sola porque aparte de ti que vives en otra ciudad, no tengo ni amigos acá. – C: ¡Pues te tengo noticias! … ¡Me mudo de nuevo para estos lados! Gritaron se abrazaron y brincaron, Clara recibió una propuesta de trabajo y la tomo sin pensarlo, sus padres no estaban muy de acuerdo porque después de lo ocurrido con Adriana no querían que su hija mantuviera comunicación con ella. Pero al final no pudieron cortar la amistad ni con la distancia. Al retirarse de la heladería Adriana le ofrecería quedarse con ella mientras conseguía un sitio, ella sabía que por sus padres adoptivos no habría problema. – C: Gracias amiga claro que acepto quedarme con ustedes, por cierto ¿Qué fue de tu amigo imaginario Ángel? – A: Después de esa noche, no supe más de él. Recuerdo que lo imaginaba tan bien que podría jurar que realmente estuvo allí conmigo.

. – Clara se mudó y se agrandó la familia en casa de Adriana. La amistad entre ellas se hizo más estrecha y volverían a ser las mejores amigas. Adriana comenzó a sentirse apreciada por alguien, a sentir que alguien que no fuera su familia se preocupaba genuinamente por ella; pero lamentablemente esa paz no duraría mucho.

. – C: Bueno amiga fin de semana ¿Qué vamos hacer? – A: Podemos ver películas acá en casa. – C: ¡Wow! Que divertido… pues no, vamos algún sitio donde tomarnos algo y tal vez conocer chicos. – A: Ja, ja, ja tu no cambias, pero es que no conozco sitios buenos con ese tipo de ambiente, realmente nunca voy a esos lugares. – C: Tú tranquila, para eso están las redes déjame revisar; Clara consiguió un local del cual comentaban muy bien, entonces y aún sin mucho ánimo se llevó a Adriana esa noche a pasar un rato distinto.

. – C: ¿Cómo la pasaste amiga? – A: ¡Buenísimo! Gracias de verdad, que bueno tenerte de nuevo amiga. – C: Aquí estaré siempre, y él que quería estar, aunque sea un rato contigo era ese chico lindo con el que bailaste…; y así pasaron un rato conversando en la habitación de Adriana, riendo recordando los buenos momentos.

. – C: Bueno amiga después de una noche fantástica me voy a dormir, que descanses; Clara salió, cerró la puerta de la habitación de Adriana y fue al baño al final del pasillo para asearse, se guiaba por la luz de la luna que entraba por la ventana hasta llegar al baño donde encendió la luz, dejo la puerta entre abierta y comenzó a cepillarse… en el momento que levanto la cabeza luego de enjuagarse observo por la semi apertura un celaje de la silueta de alguien que paso muy rápido, abrió la puerta con algo de temor y no vio a nadie; como estaba descalza sabía que no hacia ruido al caminar y se acercó lentamente a la habitación de Adriana, al girar la perilla consiguió que estaba con seguro, algo que le pareció extraño ya que sabía que desde niña Adriana cerraba su puerta pero no le pasaba seguro; se fue a su habitación temerosa.

. – C: Buenos días ¿Cómo amanecen? – A: Se te pegaron las sabanas amiga; a los padres de Adriana también les pareció extraño, le comentaron que desde que esta con ellos siempre la conseguían de primera en la cocina en las mañanas preparando el café, por supuesto ella no le dijo en ese momento a Adriana delante de sus padres, que logro dormir un poco al amanecer porque se sentía perturbada luego de lo de anoche en el baño y solo sonrió.

. – C: Amiga ya que estamos solas, te digo la verdadera razón porque me levante tarde…; mientras Adriana escuchaba comenzaba a sentir escalofrió. – A: Me gustaría decir que tal vez fue Papá o Mamá, pero ellos tienen su baño en la habitación y una vez que se acuestan no salen hasta la mañana siguiente, otra cosa yo jamás le paso el seguro a la puerta; la expresión de Clara era de miedo, se frotaba las manos, se recogió el cabello. – C: Como tuve tiempo para pensar anoche porque no dormí, me acorde de mi tía la vidente tal vez…. – A: Ella me cae bien, pero sabes que no creo en eso. – C: Yo lo sé, pero amiga hazlo por mi vamos con ella; Adriana respiro profundo la miro y acepto, enseguida Clara llamo a su tía para ver si las podía recibir hoy mismo. – C: Vístete vamos, la tía acepta recibirnos esta tarde. – A: Ya tan pronto, pero ella vive a unos cuantos kilómetros de acá. – C: Con más razón entonces anda a prepararte para no perder tiempo; rodaron hasta que por fin llegaron a la casa de la tía a las afueras del pueblo.

. – C: ¡Hola tía! Gracias por recibirnos en tan poco tiempo. – T: Cuando me contaste sentí que tenía que verlas ya, adelante siéntanse en casa, ¿Cómo estas Adriana? – A: Bien gracias; la casa de la tía era normal, es decir sin utilería de bruja de cuento de hada, se sentaron en la sala la tía les dio té y comenzó a escuchar a Clara porque Adriana se mantenía callada y aunque la tía escuchaba a su sobrina estaba observando a Adriana. – T: Disculpa que te interrumpa sobrina, pero Adriana ¿Quién es Ángel?; las dos se observaron sus rostros no podían ocultar el asombro. – T: Corrijo la pregunta ¿para ti quien es Ángel? Porque ya veo quien es. – A: ¿Cómo sabe de él? ¿Clara tú le contestaste? – C: Jamás le conté a nadie Adriana. – A: Disculpen, pero si se iban a poner de acuerdo para esta farsa, mejor me voy no entiendo por qué hacen esto; Adriana no les dio oportunidad se levantó rápidamente y salió de la casa, se montó al auto y Clara salió tras ella, pero la Tía la sostuvo del brazo muy preocupada. – T: ¡Clara hija por favor si ella no quiere escucharte, debes alejarte ya se quién es Ángel en realidad!

- Camino a casa solo había silencio; llegaron ya había caído la noche saludaron a los padres de Adriana y cada una se fue directo a su habitación, la tía se había quedado preocupada pensando que debió haberlas detenido para decirles lo que había visto, insistió en llamar a Clara a su celular, pero no se podía comunicar; decidió entonces tomar su vehículo e ir hasta la casa de Adriana sabía que debía advertirles.

- Clara se acercó a la puerta de Adriana y toco. – C: Amiga por favor, yo jamás le dije nada y esto lo hice con la mejor intención. – A: Mañana hablamos Clara, que descanses; en el fondo Adriana sabía que al día siguiente la disculparía, porque ella es su mejor amiga. Clara ya en su habitación se sentó frente al espejo, triste comenzó a limpiarse el rostro con sus cremas, el silencio era absoluto hasta el punto de ser perturbador, se levantó para cerrar la ventana porque sentía frio, pero aún luego de hacerlo seguía helando adentro, repentinamente comenzó a sentir ansiedad y sin entender porque empezó a llorar un sentimiento de tristeza la invadiría

. – La tía manejando seguía marcando el celular de Clara hasta que atendió. – T: ¡Clara hija por favor espérame voy para allá! ¿Clara me escuchas, porque lloras que ocurre?; Clara logro atenderle la llamada, pero no podía hablar bien las lágrimas no la dejaban, colgó el celular y comenzó a sonreír mientras que en su mente empezó a sonar la música de carrusel que ella escuchaba de niña en la feria del pueblo.

. – La tía le faltaba poco para llegar, muy nerviosa y aterrada acelero cuando repentinamente se atravesó en su camino algo que no se podía identificar, intento esquivarlo, pero su vehículo se fue por el acantilado de muchos metros de profundidad, mala suerte, el destino, un accidente o algo más impidió que la tía llegara para alertas a las jóvenes.

. – Mientras la música de carrusel sonaba en la mente de Clara se acercó a la mesita de noche y saco una tijera, entre lágrimas, sonrisas y susurrando la música se acercó al espejo y lentamente se comenzó a enterrar la punta de la tijera en uno de sus ojos se tuvo que sentar para no caerse entre el dolor y la pérdida de sangre, siguió sonriendo hasta que la música en su cabeza se detuvo, así como su sonrisa, lo último que vería en la esquina de su habitación fue el verdadero rostro de Ángel.

. – A la mañana siguiente Adriana al ver la hora le extraño que Clara no se había levantado, fue hasta su habitación toco varias veces y como no hubo respuesta decidió entrar y allí observo a su amiga acostada boca abajo, sobre su propia sangre con la tijera en una mano sin uno de sus ojos y el otro destrozado, tal vez porque ya sin fuerzas intento sacarlo; se arrodillo frente a su amiga Adriana sentía horror, tristeza e inmediatamente vino a su mente los recuerdos de su padre mutilado frente a ella y su madre golpeada e inconsciente.

. – Adriana no lloraba solo se quedó mirando a Clara arrodillada sobre la sangre de su amiga, sus padrea comenzaron a llamarlas de la planta de abajo, pero al ver que no respondían subieron a ver que sucedía; al entrar gritaron trataban de agarrar a Adriana y levantarla los nervios los hacían tropezarse con las cosas.

. – De algo que jamás nadie podría observar en esa habitación, fue del espejo que estaba frente a Adriana y al cadáver de Clara ese espejo estaba reflejándolas no solo a ellas sino también aquella figura oscura con su mano sobre el hombro de Adriana, aquella figura que de niña llamaba Ángel y que se había olvidado de él, no contaba con que él no se había olvidado de ella, por el contrario Ángel o cual sea su nombre en realidad, información que se llevó la tía a la tumba, se había adueñado de su alma desde hace mucho y jamás la soltaría, Adriana no sabe aún que su alma tiene dueño y no es ella.

 

FIN

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