Destacado
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Dulces Sueños
Era una tarde común de un día viernes, la pequeña Adriana
jugaba con su amiga Clara (ambas de 7 añitos de edad), vecinas y compañeras en
la escuela. – A: ¿sabes que ahora no me da miedo dormir sola? –
C: ¿Por qué? – A: tengo un amigo nuevo que me cuida en
las noches, pero no le digas a mi mami. – C: Y … ¿cómo se llama? – A: Yo le digo Ángel, él no habla, pero
siempre está allí en las noches y me protege. C: ¿lo llamas para que
juguemos? – A: No le gusta salir de día. – C: Ah bueno, pero yo soy tu mejor amiga
¿verdad? – A: Claro que sí, amigas por siempre. Transcurrió la tarde y a
Clara la fue a buscar su mamá, se quedaba entonces Adriana lista para cenar con
su madre Luisa. Por lo general, la comida de esa hora la hacían solas ya que su
padre siempre llegaba tarde.
. – L: A lavarse las manos hija, es hora de comer y por favor no te
pongas así. te he dicho que no hay razón para que te pongas en ese estado, mira
te están comenzando a sudar las manos. – A: Sabes qué... sí mami, es que no me gusta la noche. –
L: Hija, es sólo tu imaginación. Luego de cenar, Adriana se lavó
los dientes, Luisa la llevo a su cama la arropó y le dio su beso en la frente. –
L: Duerme cariño, imagina cosas bonitas, ten Dulces Sueños. Al
retirarse de la habitación a diferencia de la mayoría de los niños, Adriana le
pedía a su mamá que cerrara la puerta y apagara la luz.
Llegaba Papá al tiempo de estar cada una en su habitación, se
escuchó detener el auto. La pequeña Adriana se arropaba completa y se tapaba
las orejas, comenzaba a sudar frio; escuchaba distorsionados gritos y cosas que
se partían. Comenzó a llover y la tormenta traía truenos, era aún más difícil
para Adriana poder escuchar.
– A: Ángel,
¿dónde estás? Adriana susurraba su nombre y justo en ese momento observó a
través de sus sábanas, la sombra de una larga mano que sutilmente se movió
sobre ella. Comenzó a tranquilizarse, pues ya sabía que él estaba ahí.
– L: ¡Por
favor Mario, no la despiertes! Luisa estaba golpeada, y le pedía llorando de
rodillas que no fuera a su habitación. –
M: ¡CÁLLATE PERRA TU NO ME VAS A DECIR A MÍ CUÁNDO VER A MI HIJA! Mario
se volteó y la golpeó tan fuerte que la dejó inconsciente, subió a la
habitación de Adriana y al girar la perilla no podía abrirla. – M: Hija, es papi abre la puerta. Por
más que intentaba no podía abrirla, él no se imaginaba que la puerta ni
siquiera tenía el seguro pasado; que Adriana estaba aterrorizada y
completamente arropada en su cama. Ella veía a Ángel en un costado de la puerta
a través de una pequeña abertura que hizo en la sábana.
– M: ¡Con
que no quieres abrir! Mario bajó al sótano pasando por encima de Luisa aún
desmayada; tomó un hacha con las manos temblorosas y los ojos rojos, subió
rápidamente a la puerta de la habitación de Adriana y comenzó a golpear la
cerradura. En ese instante, la niña comenzó a llorar aterrorizada, no sólo por
lo que estaba haciendo su papá, sino por notar que Ángel ya no estaba. – M: ¡AQUÍ
ESTA MI PEQUEÑA! Había destrozado la puerta y comenzó acercarse a la niña con
el hacha en la mano. Adriana cerró los ojos llorando y en ese instante, cuando
Mario estaba muy cerca de ella lo vio; vio a Ángel a un costado de la cama, la
expresión de horror de Mario era indescriptible, llorando levanto el hacha y
comenzó a mutilarse así mismo. El llanto de Adriana se detuvo cuando dejó de
escuchar los gritos de su padre, entonces se quitó la sabana de encima
lentamente y con mucho temor, lo vio tendido en el piso con múltiples
laceraciones, apenas respirando. Estaba totalmente aterrado, y lo último que
verían sus ojos antes de morir seria a Ángel, que estaba justo detrás de su
hija.
Luego de alcanzar la mayoría de edad, Adriana podía visitar
sola a su mamá en el Sanatorio de la ciudad. Habían pasado 11 años desde
aquella fatídica noche en la cual el llamado de los vecinos alertó a la
policía. Debido a los hematomas y la contusión que consiguió el equipo forense
en el cuerpo de Luisa, así como la escena de destrucción en la casa, la
declararon culpable de asesinato, pero como un acto de defensa propia y de su
hija. Cumpliría la condena en un Sanatorio Mental luego de los exámenes
psicológicos realizados. Mario era un narcotraficante violento, con muchos
negocios turbios, el maltrato hacia Luisa era físico y psicológico. Hacia
Adriana era psicológico, logrando que su propia hija le
tuviera mucho miedo.
También era
adicto a las drogas, consumía más durante los fines de semana, pero esa noche
llegó al extremo.
– A: Hola
madre, ¿cómo estás?, ¿cómo te tratan? Mientras, Luisa estaba con la mirada
perdida, sentada en una silla frente a la TV con un canal de animales. – L: ¡No
lo dejes entrar!, perdóname. – A: Yo te perdoné hace mucho madre, ya te
lo he dicho una y otra vez. Como siempre te digo, no lo dejé entrar, él entro
por la fuerza, pero ya no hablemos de eso déjame sentarme a tu lado un rato a
ver la TV.
Al salir del
Sanatorio Adriana recibió una llamada de Clara. – C: Aló, amiga … ¡ESTOY
EN LA CIUDAD, VAMOS A VERNOS! Clara y su familia se habían mudado fuera de la
ciudad al poco tiempo de lo sucedido con Adriana, ellas se habían mantenido en
contacto por las redes, pero no se habían visto en persona durante todos esos
años. – A: ¡Sí … POR FIN AMIGA,
QUÉ EMOCIÓN, ¡DIME EN DÓNDE Y A QUÉ HORA! Se encontrarían en la heladería a la
que iban de niñas y que aún seguía funcionando. – C: ¡Qué alegría verte
amiga!, cuéntame cómo está tu mamá. – A: Igual, repite lo mismo cada
vez, ya sólo la acompaño. – C: Lamento escuchar eso de verdad, ¿y
tus padres adoptivos? – A: Son excelentes, ya están viejitos. Sabes que
cuando el servicio social me entrego a ellos ya eran de mediana edad, pero
siempre se portaron muy amorosos como te he contado. – C: ¡Ajá amiga!
Pero sé que estos años no me has contado nada de pareja, de algún enamorado,
¿nada todavía? – A: JA,
JA, JA. No, no tengo suerte en el amor aún, ando bien sola porque aparte de ti
que vives en otra ciudad, no tengo ni amigos acá. – C: ¡Pues te tengo
noticias! … ¡Me mudo de nuevo para estos lados! Gritaron se abrazaron y
brincaron, Clara recibió una propuesta de trabajo y la tomo sin pensarlo, sus
padres no estaban muy de acuerdo porque después de lo ocurrido con Adriana no
querían que su hija mantuviera comunicación con ella. Pero al final no pudieron
cortar la amistad ni con la distancia. Al retirarse de la heladería Adriana le ofrecería
quedarse con ella mientras conseguía un sitio, ella sabía que por sus padres
adoptivos no habría problema. – C: Gracias amiga claro que acepto
quedarme con ustedes, por cierto ¿Qué fue de tu amigo imaginario Ángel? – A:
Después de esa noche, no supe más de él. Recuerdo que lo imaginaba tan bien
que podría jurar que realmente estuvo allí conmigo.
. – Clara se mudó y se agrandó la familia en casa de Adriana.
La amistad entre ellas se hizo más estrecha y volverían a ser las mejores
amigas. Adriana comenzó a sentirse apreciada por alguien, a sentir que alguien
que no fuera su familia se preocupaba genuinamente por ella; pero
lamentablemente esa paz no duraría mucho.
. – C: Bueno amiga fin de semana ¿Qué vamos hacer? – A: Podemos
ver películas acá en casa. – C: ¡Wow! Que divertido… pues no, vamos
algún sitio donde tomarnos algo y tal vez conocer chicos. – A: Ja, ja,
ja tu no cambias, pero es que no conozco sitios buenos con ese tipo de
ambiente, realmente nunca voy a esos lugares. – C: Tú tranquila, para
eso están las redes déjame revisar; Clara consiguió un local del cual comentaban
muy bien, entonces y aún sin mucho ánimo se llevó a Adriana esa noche a pasar
un rato distinto.
. – C: ¿Cómo la pasaste amiga? – A: ¡Buenísimo! Gracias de
verdad, que bueno tenerte de nuevo amiga. – C: Aquí estaré siempre, y él
que quería estar, aunque sea un rato contigo era ese chico lindo con el que
bailaste…; y así pasaron un rato conversando en la habitación de Adriana,
riendo recordando los buenos momentos.
. – C: Bueno amiga después de una noche fantástica me voy a dormir,
que descanses; Clara salió, cerró la puerta de la habitación de Adriana y fue
al baño al final del pasillo para asearse, se guiaba por la luz de la luna que
entraba por la ventana hasta llegar al baño donde encendió la luz, dejo la
puerta entre abierta y comenzó a cepillarse… en el momento que levanto la
cabeza luego de enjuagarse observo por la semi apertura un celaje de la silueta
de alguien que paso muy rápido, abrió la puerta con algo de temor y no vio a
nadie; como estaba descalza sabía que no hacia ruido al caminar y se acercó
lentamente a la habitación de Adriana, al girar la perilla consiguió que estaba
con seguro, algo que le pareció extraño ya que sabía que desde niña Adriana
cerraba su puerta pero no le pasaba seguro; se fue a su habitación temerosa.
. – C: Buenos
días ¿Cómo amanecen? – A: Se te pegaron las sabanas amiga; a los padres
de Adriana también les pareció extraño, le comentaron que desde que esta con
ellos siempre la conseguían de primera en la cocina en las mañanas preparando
el café, por supuesto ella no le dijo en ese momento a Adriana delante de sus
padres, que logro dormir un poco al amanecer porque se sentía perturbada luego
de lo de anoche en el baño y solo sonrió.
. – C: Amiga ya que estamos solas, te digo la verdadera razón porque
me levante tarde…; mientras Adriana escuchaba comenzaba a sentir escalofrió.
– A: Me gustaría decir que tal vez fue Papá o Mamá, pero ellos tienen su
baño en la habitación y una vez que se acuestan no salen hasta la mañana
siguiente, otra cosa yo jamás le paso el seguro a la
puerta; la expresión de Clara era de miedo, se frotaba las manos, se recogió el
cabello. – C: Como tuve tiempo para pensar anoche porque no dormí, me
acorde de mi tía la vidente tal vez…. – A: Ella me cae bien, pero sabes
que no creo en eso. – C: Yo lo sé, pero amiga hazlo por mi vamos con
ella; Adriana respiro profundo la miro y acepto, enseguida Clara llamo a su tía
para ver si las podía recibir hoy mismo. – C: Vístete vamos, la tía
acepta recibirnos esta tarde. – A: Ya tan pronto, pero ella vive a unos
cuantos kilómetros de acá. – C: Con más razón entonces anda a prepararte
para no perder tiempo; rodaron hasta que por fin llegaron a la casa de la tía a
las afueras del pueblo.
. – C: ¡Hola
tía! Gracias por recibirnos en tan poco tiempo. – T: Cuando me contaste
sentí que tenía que verlas ya, adelante siéntanse en casa, ¿Cómo estas Adriana? – A: Bien gracias; la casa de la tía era
normal, es decir sin utilería de bruja de cuento de hada, se sentaron en la
sala la tía les dio té y comenzó a escuchar a Clara porque Adriana se mantenía
callada y aunque la tía escuchaba a su sobrina estaba observando a Adriana. –
T: Disculpa que te interrumpa sobrina, pero Adriana ¿Quién es Ángel?; las
dos se observaron sus rostros no podían ocultar el asombro. – T: Corrijo
la pregunta ¿para ti quien es Ángel? Porque ya veo quien es. – A: ¿Cómo
sabe de él? ¿Clara tú le contestaste? – C: Jamás le conté a nadie
Adriana. – A: Disculpen, pero si se iban a poner de acuerdo para esta
farsa, mejor me voy no entiendo por qué hacen esto; Adriana no les dio
oportunidad se levantó rápidamente y salió de la casa, se montó al auto y Clara
salió tras ella, pero la Tía la sostuvo del brazo muy preocupada. – T: ¡Clara
hija por favor si ella no quiere escucharte, debes alejarte ya se quién es
Ángel en realidad!
- Camino a
casa solo había silencio; llegaron ya había caído la noche saludaron a los
padres de Adriana y cada una se fue directo a su habitación, la tía se había
quedado preocupada pensando que debió haberlas detenido para decirles lo que
había visto, insistió en llamar a Clara a su celular, pero no se podía
comunicar; decidió entonces tomar su vehículo e ir hasta la casa de Adriana sabía
que debía advertirles.
- Clara se acercó
a la puerta de Adriana y toco. – C: Amiga por favor, yo jamás le dije
nada y esto lo hice con la mejor intención. – A: Mañana hablamos Clara,
que descanses; en el fondo Adriana sabía que al día siguiente la disculparía,
porque ella es su mejor amiga. Clara ya en su habitación se sentó frente al
espejo, triste comenzó a limpiarse el rostro con sus cremas, el silencio era
absoluto hasta el punto de ser perturbador, se levantó para cerrar la ventana
porque sentía frio, pero aún luego de hacerlo seguía helando adentro,
repentinamente comenzó a sentir ansiedad y sin entender porque empezó a llorar
un sentimiento de tristeza la invadiría
. – La tía
manejando seguía marcando el celular de Clara hasta que atendió. – T: ¡Clara
hija por favor espérame voy para allá! ¿Clara me escuchas, porque lloras que
ocurre?; Clara logro atenderle la llamada, pero no podía hablar bien las lágrimas
no la dejaban, colgó el celular y comenzó a sonreír mientras que en su mente
empezó a sonar la música de carrusel que ella escuchaba de niña en la feria del
pueblo.
. – La tía le
faltaba poco para llegar, muy nerviosa y aterrada acelero cuando repentinamente
se atravesó en su camino algo que no se podía identificar, intento esquivarlo,
pero su vehículo se fue por el acantilado de muchos metros de profundidad, mala
suerte, el destino, un accidente o algo más impidió que la tía llegara para
alertas a las jóvenes.
. – Mientras
la música de carrusel sonaba en la mente de Clara se acercó a la mesita de
noche y saco una tijera, entre lágrimas, sonrisas y susurrando la música se acercó
al espejo y lentamente se comenzó a enterrar la punta de la tijera en uno de
sus ojos se tuvo
que sentar para no caerse entre el dolor y la pérdida de sangre, siguió
sonriendo hasta que la música en su cabeza se detuvo, así como su sonrisa, lo último
que vería en la esquina de su habitación fue el verdadero rostro de Ángel.
. – A la mañana siguiente Adriana al ver la hora le extraño
que Clara no se había levantado, fue hasta su habitación toco varias veces y
como no hubo respuesta decidió entrar y allí observo a su amiga acostada boca
abajo, sobre su propia sangre con la tijera en una mano sin uno de sus ojos y
el otro destrozado, tal vez porque ya sin fuerzas intento sacarlo; se arrodillo
frente a su amiga Adriana sentía horror, tristeza e inmediatamente vino a su
mente los recuerdos de su padre mutilado frente a ella y su madre golpeada e
inconsciente.
. – Adriana no lloraba solo se quedó mirando a Clara
arrodillada sobre la sangre de su amiga, sus padrea comenzaron a llamarlas de
la planta de abajo, pero al ver que no respondían subieron a ver que sucedía;
al entrar gritaron trataban de agarrar a Adriana y levantarla los nervios los
hacían tropezarse con las cosas.
. – De algo que jamás nadie podría observar en esa
habitación, fue del espejo que estaba frente a Adriana y al cadáver de Clara
ese espejo estaba reflejándolas no solo a ellas sino también aquella figura
oscura con su mano sobre el hombro de Adriana, aquella figura que de niña
llamaba Ángel y que se había olvidado de él, no contaba con que él no se había
olvidado de ella, por el contrario Ángel o cual sea su nombre en realidad,
información que se llevó la tía a la tumba, se había adueñado de su alma desde
hace mucho y jamás la soltaría, Adriana no sabe aún que su alma tiene dueño y
no es ella.
FIN
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Entradas populares
El crucero
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps

Comentarios
Publicar un comentario