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Un Café en la Plaza
. – Elías fue a comprar su respectivo café
para llevar de todas las tardes al salir de su oficina, ordeno lo mismo de
siempre, la joven lo saludo y fue a prepararle su acostumbrado pedido pero… en
ese momento Elías vio un espejo que habían colocado en la pared detrás de la
caja registradora, se observó mientras mantenía por unos segundos la sonrisa
que le había mostrado a la joven vendedora; la joven le entrego su café pero Elías
tardo un segundo en reaccionar ya que se mantuvo viendo su reflejo en el
espejo.
. – Caminando
hacia su casa decidió sentarse, esta vez en una plaza que está cercana, con su
café en mano y mirando el atardecer Elías no entendía porque lo desbordo un
extraño sentimiento al verse reflejado en la cafetería.
. - Ya
sentado vio caminar a un hombre mayor que hablaba, reía solo y vestía harapos, otro
sorbo de café bebió y respiro como si aquel era su última bocanada de aliento,
sentía como si cargaba sobre la nuca un yunque con apariencia de algodón,
seguía sin entender porque se sentía así.
. – A
su alrededor corría un niño muy rápido que tropezó y cayo, contuvo las lágrimas
agarrándose la rodilla mientras veía a lo lejos a un hombre que estaba sentado
leyendo la prensa, el niño se puso de pie y poco a poco llego a donde estaba el
hombre, el cual le pregunto de una forma seca y distante ¿Qué le había pasado?;
el niño contesto sonriendo que nada todo estaba bien.
. – Todo se detuvo alrededor
de Elías, como si le dieran pausa a una película, tomo otro sorbo de café y
observaba el rostro del niño, en particular su sonrisa, comenzó a entender que
su problema era la sonrisa aquella sonrisa que vio reflejada en el espejo
aquella sonrisa que todo su entorno social y familiar le conocían, aquella
sonrisa no era sincera.
. – Bebió otro sorbo, dentro de él comenzaban a desbordarse sentimientos de
culpa, arrepentimiento y nostalgia mientras todo a su alrededor seguía en
pausa; Elías se levantó del banco y se acercó al niño sentándose a su lado y le
dijo: ¡Perdóname por reprimirte, por juzgarte y condenarte, por minimizarte
y por haberte amarrado las alas durante tanto tiempo PERDONAME!
. – Bebió otro sorbo, se
levantó y se acercó al lado del señor que entendía era el padre del niño y le
dijo: Se que siempre me quisiste e hiciste lo mejor por mí a la manera que
te enseñaron, lamentablemente al pasar los años tu y yo estábamos en costas
distintas y en medio un océano de abrazos, besos y de te amo, ninguno de los
dos lo cruzábamos, aunque quisiéramos.
. – Antes de retirarse de al lado del Sr. Elías le dio un beso en la frente,
camino hacia el cesto para la basura dando el ultimo sorbo de café, arrojo el
vaso y cuando toco el fondo, en aquella plaza todo comenzó de nuevo su
transitar normal.
. – Elías siguió caminando a su hogar, aquel yunque disfrazado de algodón
que tuvo sobre la nuca durante años se desvaneció, al caminar sonreía y
reflejaba una sonrisa aún más grande que se producía desde su interior, esa
sonrisa que jamás había tenido.
. – Esa tarde en aquella plaza
se otorgó el perdón y no uno, sino dos.
FIN
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