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Tormenta
. -El día amaneció frio
cariño, se va sintiendo un poco el olor a humedad, mejor cerrare las ventanas
no me gusta el tiempo como se está transformando. – Si, creo que mejor ciérralas todas y las
cortinas también, no quiero ver cuando se desate la tormenta eso me da miedo mi
amor.
. – Ambos sabían lo que vendría e intentaban todas las formas para
protegerse, cerraron ventanas y las cortinas excepto la del balcón grande que
no poseía, se abrigaron muy bien y cerraron tanto la puerta delantera como la
trasera, uno estaba en el piso de arriba y la otra en el piso de abajo ambos
haciendo lo propio.
. – Voy a preparar café ¿gustas? – No gracias yo me preparo un té, voy a encender la chimenea ¿estas de
acuerdo? – La verdad preferiría que aún no, si la vas a encender me devuelvo
al piso de arriba mientras te calientas, no hay problema. – Esta bien
mi vida, como quieras.
. – A él le gusta
el café y a ella el té, a ella le gusta mas el calor a él más el frio, entonces
él subió con su taza de café y ella sé quedo abajo con su taza de té, él arriba
abrió una cortina y se sentó a contemplar la montaña con su frio, ella hacia lo
mismo acompañada de su calor observando por el ventanal los árboles y las
montañas. Rodeados por un hermoso paisaje, no tenían una casa cerca a
kilómetros de distancia, pero hoy esa belleza natural se estaba oscureciendo
por culpa de la tormenta que se avecinaba.
. - ¡PARECIERA QUE YA FUERA DE NOCHE! ¿ME ESCUCHAS?
- ¿COMO, QUE DICES? ¡NO TE ESCUCHO MEJOR SUBE! - ¡NO GRACIAS NO
ME GUSTA EL FRIO! - ¡QUE NO TE ESCUCHO BIEN! - ¡OLVIDALO! –
Ok ya bajé, como no subes acércate acá a la cocina ¿Qué me estabas diciendo?
– Ven para acá y siéntate no veo la necesidad de ir hasta allá si ya bajaste,
ven. – No gracias, no me gusta el calor.
. – El clima
empeoraba a una velocidad sorprendente, esa hermosa casa tiene tres
habitaciones, la principal y la de invitados están en la planta de arriba donde
está un pequeño balcón y para meter esas cosas donde no hayas donde ponerlas
esta la otra en la planta de abajo, allí también esta la cocina frente a las
escaleras y la sala a la derecha donde va la chimenea.
. – Ok ya estoy en la cocina, respóndeme algo
¿Cuándo fue la ultima vez que me sostuviste la mirada, lo recuerdas? –
Tal vez a partir del mismo momento en que dejaste de tocarme apropósito, y cuando
lo hacías era acompañado de un “disculpa no fue mi intención”. – Sera
que mi piel respondía sin yo saberlo aún, ella sabia que no la despertabas como
alguna vez lo hiciste. – ¡No te entiendo! Siempre he estado aquí, velando
tus sueños, siguiendo tus pasos para que no tropieces y de repente, de un
momento a otro ya no quieres compartir las sabanas.
. – Ya el clima
inclemente comenzó a dejar sentir sus primeros vestigios, las ventanas
comienzan a sonar como si un enorme gigante le lanzara rocas, el salvaje y
desmedido viento comienza a desprender las hojas de los arboles dejándolos
desnudos y exponiéndolos.
. – Tu olor, tus besos ya… ya la verdad no recuerdo
a que saben ni a que hueles ¿me puedes mirar por favor? – Ok te estoy
viendo, si la verdad es que tampoco recuerdo como es respirar en la parte de
atrás de tu cuello, tomarte de la cintura, confundir nuestras piernas
entrelaza…
. – Ella no lo dejo
terminar de hablar y lo beso, sucumbieron a la nostalgia, cayeron ante un tal
vez, en el suelo de la cocina ella se quitó lo único que llevaba puesto un
sweater grande, le desgarro el pijama y en ese momento, en ese preciso momento
la tormenta se desato, el ventanal de la planta de abajo se partió entraba un
elido ventarrón el cual extinguió el fuego de la chimenea. Ellos no se habían
percatado de los desmanes que hacia la tormenta en su casa, ellos insistían en
pegar pieza por pieza los pedazos rotos que tenían, sus cuerpos estaban juntos
mientras intentaban unir de nuevo sus almas, él la recorría como quien busca en
un mapa el tesoro perdido, ella no lo dejaba respirar buscando en su boca una
excusa, entrelazaron sus manos y una mezcla de esperanza, sudor e incertidumbre
los arropaba.
. – Se levantaron
del piso y se observaban directo a los ojos, luego miraron a su alrededor, él
nunca fue a la sala y ella jamás subió a la planta de arriba, ella nunca bebió
café y él no bebió té, la tormenta había acabado, él medio sonrió y ella también,
se tomaron de las manos y se abrazaron, ella se puso de nuevo el sweater y él
subió a la habitación a ponerse ropa. Ella se quedo abajo recogiendo un poco el
desastre en la sala donde está la chimenea, por su parte la cocina no sufrió ni
un rasguño.
. – Ella le abrió
la puerta lo acompaño hasta la camioneta, él llevaba sus maletas, se despidieron
con un fuerte abrazo, aquellos pedazos rotos que intentaron unir sabían que por
bien pegados que quedaran sus grietas, siempre serian muy evidentes, el día
estaba hermoso como debe ser después de una tormenta siempre llega la calma.
FIN
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