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Solo escucha
. – Sentémonos
aquí en la terraza con nuestras sillas hacia el sol, por favor solo te pido que
no digas nada solo escúchame.
. – Evadimos
palabras cercanas, quedarnos solos en un sitio pronosticaba conversaciones
superfluas, nada que pudiera tan solo dejarnos a una cuadra del sentimiento.
. – Obviamos
palabras que realmente significaran algo, nos escondíamos muy bien entre las
personas que estaban a nuestro lado, ocultando así el temor de sostenernos la
mirada.
. – El humor
fue el escudo más poderoso que ambos utilizamos, un escudo que a veces débil se
caía un poco y descubría ante los dos un instante de verdad. No usábamos
armadura, por más que quisiéramos no podíamos, porque los años no nos permitía
cargar más peso del que ya llevábamos.
. – Dos
abrazos al año, eran cortos y aunque parecían distantes en el fondo sentíamos
en ese momento, en ese pequeño momento, un ápice de tal vez. ¿Tal vez si me
atrevo y lo digo? pero inmediatamente ese puente sin aun construirse se
derrumbaba, con la esperanza absurda de un quizás para el próximo abrazo.
. – Contábamos
historias de otros, anécdotas nuestras, algunas inventadas para amenizar la
reunión y otras, simplemente exageradas para hacerlas mas interesantes.
Consejos de vida y advertencias para no cometer los mismos errores que el otro;
otra ronda de cervezas por favor.
. – Reconociendo
algunas faltas, vociferando haber aprendido la lección y prometiendo modificar
conductas, reclamando al otro antiguas marcas hechas al corazón y a la
conciencia; ¡tráiganos dos cervezas más!
. – Reviviendo
situaciones que agrietan los escudos que llevamos, estamos en peligro de
exponer sin darnos cuenta nuestras verdades, pero peor aún… los sentimientos,
¡Dos cervezas más!, el otro no lo permite y pide la cuenta anunciando que es
hora de retirarse.
. – Fueron
varias las ocasiones, en que tragos de licor debilitaban nuestras defensas y
aumentaban nuestro valor, aceptación, apelación, justificación y reclamación
fueron los estridentes elementos que lograban escapar en ese momento.
. – En
particular hubo uno que fue el más terco, uno con más poder de arraigamiento,
uno que fue sujetado de manera fuerte y poderosa por eso que llamamos orgullo.
Por más que ambos pudiéramos desearlo y el licor estuviera de nuestro lado,
jamás logramos decirlo, hoy en este momento necesito decírtelo: Te Amo Papá.
. – Ahora por favor ponte de pie y abrázame que ya pronto tendré que despertarme para llevar a tu nieto a la escuela, espero volverte a ver cuando sea mi momento de irme. Adiós.
FIN
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